viernes, junio 23, 2006

Destrocemos las ciudades de los colosales con caras de nada!
Lo Hagamos, princesa mía.
matemos las penas con mates chupados y lavados
concentremonos en lo que hay que hacer y nada más!
desparramemos las palabras de los ciegos por las flores del nunca más
estamos con todo desde siempre
vivimos esteparios por las ruinas de los demás
como en una lesera de antaño, dejé las ovidias de para más tarde
y una lía y una liana y un liásico con una tierra húmeda y serena
con historia y prehistoria
confundiendo las palabras de los que no me escuchan
con las papas de los que no fueron santos
con las paces de los que no hablan
porque no quieren
porque no les sale
no les sale
no los sales
hablo de la sierra dormida
de los dinosaurios que no fueron
los que no fueron
los no, esos sí fueron.

domingo, junio 11, 2006


Hubiera sido más aplicado de haber tenido las manos atadas en la soga de Juancito cuando dejé de ser el romático pérfido de siete años que siempre fui. Pero nadie se dio cuenta de lo que estábamos planeando al otro lado de la cordillera. Porque a nadie le importamos realmente; es más bien un sentido oculto en un frasco soldado y con su tapa magullada por los recuerdos de las viejas que no saben ya oír.
La de siempre me dejó maniatado para ver si, de una vez por todas, era capaz de construir el castillo de arena con el que siempre soñé. La de siempre me contestó de mala manera cuando le pregunté si debía ser con torres o sin ellas. La de siempre se porta mal conmigo. La de siempre es una boluda.
Con esto de los cambios horarios me siento medio japonés entre tanta cosa que se dice y no se cuenta. Los grandes son tan boludos como la de siempre, y encima no se dan cuenta de que uno sólo quiere escupir cada vez más lejos.
El amor platónico que construí, con las manos atadas, el otro día no fue suficiente y tuve que predicar los salmos 21 y 22 toda la tarde en presencia de mi abuela; la pobre está cansada de mí.
No aprendí a hablar sino hasta que tuve 4 años.
Y los pies se me convirtieron en grandes hormigas que transportan alimento de viejos muertos.
Uno nunca sabe lo que puede pasar después de las manos. Porque uno no tiene control de lo que no toca. Sí, a veces tampoco se lo tiene de lo que se toca. No importa lo que uno diga o deje de decir, lo interesante es sentarse a la orilla de algún mar a oír las olas golpear contra las piedras.
Mi hermanito tiene 3 y ya sabe hablar y leer.
Nunca voy a soltarme las manos por mis propios medios.
La de siempre, yo sé, algún día me va a llorar. Va a ver mis ojos muertos y ahí va a poder ver el aleph de mi vida que nunca me dejó contarle por preocuparse de su castillo de arena con o sin torres.

viernes, junio 09, 2006

Te soné así

En un salón oscuro, yo vestido con un traje negro. El temor me invadía. Una tenue luz empezó a abrirse en medio el salón. Apareciste como aparecen las sombras en la noche, apenas visible. Fue primero tu pelo. Luego fueron tus ojos, grandes ojos. Tu sonrisa de ángel. Unas tiritas blancas decorando tus hombros. Tus pechos. Tu vientre. Tus manos relajadas. El blanco vestido que cubría tus piernas. Y la música que suavemente empezó a sonar. Movías tus manos hacia arriba al compás de la música que era parecida al jazz o al blues, no lo sé. Tu sonrisa acompañaba a tus piernas que, sin salirse de su lugar, seguían la cadencia del momento. Me miras, estás lejos y yo también lo estoy; sin embargo me invitas. Yo tiemblo. Estás hermosa y brillas en una tenue luz que se acompaña con una suave música para nosotros dos. En mi mano dos copas. Tu pelo es lo más bello que puedo apreciar. Tus manos, tan delicadas como siempre. Esa fatal sonrisa. Las copas llenas de champagne. Te invito una copa. Aceptas con una sonrisa seductora y pícara. “¿Bailamos?”.El salón se ilumina por completo. Sólo para nosotros dos. La mesa espera abierta, con los manjares que soñamos una vez. Y no quieres acompañarme a la mesa. No lo quieres hacer. Tus lágrimas, por primera vez veo tus lágrimas, no te sueltan. Te suplico acompañarme y no cedes. “Es que era sólo un juego del momento. Yo no quería esto.” Despierto. Me olvido del sueño por unos días. Ahora me dices que No, que no es así.