jueves, septiembre 28, 2006

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Tengo sueño, mucho sueño. Me duelen los brazos, y me siento cansado de mí.
Todos están cansados de mí. Soy un producto descartable y ya me llegó la hora.
Las ganas de consumirme en un frasco me invaden día y noche. No quiero saber nada más con nadie ni nada.
Es como si quisiera lamentarme por existir pero es mucho más que eso.
Necesito escapar. No para sentirme libre, sólo por escapar de mí otra vez.
Me duele el estómago y me pesan los hombros.
Me siento viejo e inútil.
Me siento sonzo e insuficiente.
Me siento con la autoestima por una milésima debajo del suelo.
Paf! Se quedó la cortina a medio cerrar otra vez.
Triste.
Tristeza se siente ante todo. Y no se puede sentir hambre.
Me voy a la mierda.
Ya no quiero saber de mí, de ti, de quien mierda sea!

lunes, septiembre 11, 2006

Apenas ha dejado de hablarme hace dos horas, ya siento su ausencia penetrar cada espiga de mi ser. Subiendo las escaleras me di con la terrible noticia de que en el paisaje de los extranjeros subsisten aún los fantasmas de la Lejana.
Foristas de internet me han anunciado del decaimiento de los informes primarios. Andan preocupados por las huellas que dejó un paisajista, hace tiempo ya.
Me han incautado hasta las sonrisas que de ti supe robar. Me han dejado los pelos tirados en el pasillo, para superar las negligencias. La Lejana me llora desde tiempo atrás.
Pinto con los dedos, sin un pincel, sin acuarela a la vista. Pinto los deseos de los pobres. Pinto los frascos vacíos.
Camino solitario en busca de sus lágrimas. Camino por caminos no andados, vigilo la sola presencia de mi cuerpo desprestigiado por los foristas y esquivo los baches del camino que han hecho las públicas respuestas oficiales sobre mí.
La Lejana tiene ese no sé qué que me hace penetrar en la mente de los descoloridos. Los descoloridos me llaman de vez en cuando para que les pinte una sonrisa en el ombligo.
Cansado, sonrisas, Lejana, pedido, infinito. Crepúsculo, corpúsculo...