De acá
Lluvia. Oliveira pensativo desperdiga maldiciones en un cigarro que parece nunca acabar. La estación del metro vacía e inmensa. Gente apurada y un charco de agua sin fin en el andén. Una mujer que barre entre las pequeñas canaletas de los mosaicos de la estación Vespucio Norte. Oliveira observa detenidamente a la mujer mientras su tren empieza a avanzar. La mujer queda atrás y Oliveira no puede volver su cabeza porque lo siente inútil. Porque el túnel se ha hecho más angosto y más oscuro.
Nadie fuma en el metro. Caras de sueño sin sueños. Caras de aliento deprimido y una vida sin pasiones, sin peligros. Miradas despreocupadas y mezquinas. Oliveira piensa "y a estos pelotudos, qué les pasa? que no ven como llueve dentro del tren?". No, Oliveira jamás quedará sentado cuando el tren esté vacío. Su respiración parece un pasaje de La Metamorfosis, lenta. Despiadadamente lenta. Se estruja la rodilla derecha y observa a una bella dama que ha subido en la estación Colonial. Ella le sonríe y él esquiva su mirada por fácil, por puta. Oliveira siente los ojos de la mujer en su frente pero empieza a pensar qué habrá sido de Perón si no establecía el estado benefactor y no fundía a la Argentina con tanto préstamo del FMI.
Llega a Santa Ana, la combinación para llegar a Bellas Artes. Gente que corre desesperada por llegar. Unos niños mojados le sonríen y Oliveira agudiza su desprecio por miedo a enternizarse.
Talita aún no ha llegado y los negros se le terminan. Monedas para el café y el telo es todo el capital de Oliveira. Putea mojándose los zapatos marrones. Putea y Talita no llega.
Ella viene de paraguas. Viene vistiendo un largo sobretodo negro y un labial imborrable. Luce maravillosa. "Traveler, no vino?" "No, por qué habría de venir? Fui yo quien te citó..." Él sonríe como finjiendo amabilidad para descomprimir la tensión.
Talita accede a tomar el café. "Qué te pasó hoy? ¿Por qué, con tanta lluvia, se te ocurre ponerte tan linda?" "Horacio, qué lluvia?! Sólo está un poco fresco, pero el sol se siente."
Como siempre, para Oliveira llovía... y los pasos de día eran muy pesados.
Cambiaron de café porque el subsuelo estaba inhabilitado, reuniones secretas fue la excusa. Un café y otro, cerca del parque en la montaña. Una gota y otra sobre los pies de Oliveira. Un sótano, al fin uno. Fotos de gente desnuda y artículos anticuados. Café y dulces. La Maga ausente y los ojos de Talita convirtiendo el tiempo en eterno. Los ojos de Talita desnudando a Oliveira. Oliveira deseando estar desnudo, como en las fotos. Oliveira desnudando a Talita, como en las fotos. Y Talita que hablaba de Traveler. Y Oliveira puteando para sus adentros. Oliveira deseando que todo fuera sólo una rayuela, que sólo tuviera tirar una piedra para saltar cada casillero en busca de la meta que no es otra que completar la vuelta. La meta, que no es otra que la boca de Talita. La meta, que no es más que un suspiro junto a Talita en la cama de Traveler o de algún telo. Y Talita que hablaba de Traveler y sus ganas de volver al circo.
Que un café más. Que un cielo que se oscurece y una llamada que suena a Traveler. Que una puteada en voz alta y un "porqué" que invade el ambiente.
Un café más, un dulce más...y ya no alcanza para el telo. Traveler llega, simpático como siempre. Un abrazo y un beso a Talita, un apretón de manos cargado de confianza a Oliveira.
Y Oliveira comprando cigarrillos negros en el kiosco de en frente. Oliveira mirando al cielo, puteando por tanta lluvia. Puteando por no ser un niño jugando a la Rayuela solo con Talita. Sólo con Talita.
Nadie fuma en el metro. Caras de sueño sin sueños. Caras de aliento deprimido y una vida sin pasiones, sin peligros. Miradas despreocupadas y mezquinas. Oliveira piensa "y a estos pelotudos, qué les pasa? que no ven como llueve dentro del tren?". No, Oliveira jamás quedará sentado cuando el tren esté vacío. Su respiración parece un pasaje de La Metamorfosis, lenta. Despiadadamente lenta. Se estruja la rodilla derecha y observa a una bella dama que ha subido en la estación Colonial. Ella le sonríe y él esquiva su mirada por fácil, por puta. Oliveira siente los ojos de la mujer en su frente pero empieza a pensar qué habrá sido de Perón si no establecía el estado benefactor y no fundía a la Argentina con tanto préstamo del FMI.
Llega a Santa Ana, la combinación para llegar a Bellas Artes. Gente que corre desesperada por llegar. Unos niños mojados le sonríen y Oliveira agudiza su desprecio por miedo a enternizarse.
Talita aún no ha llegado y los negros se le terminan. Monedas para el café y el telo es todo el capital de Oliveira. Putea mojándose los zapatos marrones. Putea y Talita no llega.
Ella viene de paraguas. Viene vistiendo un largo sobretodo negro y un labial imborrable. Luce maravillosa. "Traveler, no vino?" "No, por qué habría de venir? Fui yo quien te citó..." Él sonríe como finjiendo amabilidad para descomprimir la tensión.
Talita accede a tomar el café. "Qué te pasó hoy? ¿Por qué, con tanta lluvia, se te ocurre ponerte tan linda?" "Horacio, qué lluvia?! Sólo está un poco fresco, pero el sol se siente."
Como siempre, para Oliveira llovía... y los pasos de día eran muy pesados.
Cambiaron de café porque el subsuelo estaba inhabilitado, reuniones secretas fue la excusa. Un café y otro, cerca del parque en la montaña. Una gota y otra sobre los pies de Oliveira. Un sótano, al fin uno. Fotos de gente desnuda y artículos anticuados. Café y dulces. La Maga ausente y los ojos de Talita convirtiendo el tiempo en eterno. Los ojos de Talita desnudando a Oliveira. Oliveira deseando estar desnudo, como en las fotos. Oliveira desnudando a Talita, como en las fotos. Y Talita que hablaba de Traveler. Y Oliveira puteando para sus adentros. Oliveira deseando que todo fuera sólo una rayuela, que sólo tuviera tirar una piedra para saltar cada casillero en busca de la meta que no es otra que completar la vuelta. La meta, que no es otra que la boca de Talita. La meta, que no es más que un suspiro junto a Talita en la cama de Traveler o de algún telo. Y Talita que hablaba de Traveler y sus ganas de volver al circo.
Que un café más. Que un cielo que se oscurece y una llamada que suena a Traveler. Que una puteada en voz alta y un "porqué" que invade el ambiente.
Un café más, un dulce más...y ya no alcanza para el telo. Traveler llega, simpático como siempre. Un abrazo y un beso a Talita, un apretón de manos cargado de confianza a Oliveira.
Y Oliveira comprando cigarrillos negros en el kiosco de en frente. Oliveira mirando al cielo, puteando por tanta lluvia. Puteando por no ser un niño jugando a la Rayuela solo con Talita. Sólo con Talita.

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