Te soné así
En un salón oscuro, yo vestido con un traje negro. El temor me invadía. Una tenue luz empezó a abrirse en medio el salón. Apareciste como aparecen las sombras en la noche, apenas visible. Fue primero tu pelo. Luego fueron tus ojos, grandes ojos. Tu sonrisa de ángel. Unas tiritas blancas decorando tus hombros. Tus pechos. Tu vientre. Tus manos relajadas. El blanco vestido que cubría tus piernas. Y la música que suavemente empezó a sonar. Movías tus manos hacia arriba al compás de la música que era parecida al jazz o al blues, no lo sé. Tu sonrisa acompañaba a tus piernas que, sin salirse de su lugar, seguían la cadencia del momento. Me miras, estás lejos y yo también lo estoy; sin embargo me invitas. Yo tiemblo. Estás hermosa y brillas en una tenue luz que se acompaña con una suave música para nosotros dos. En mi mano dos copas. Tu pelo es lo más bello que puedo apreciar. Tus manos, tan delicadas como siempre. Esa fatal sonrisa. Las copas llenas de champagne. Te invito una copa. Aceptas con una sonrisa seductora y pícara. “¿Bailamos?”.El salón se ilumina por completo. Sólo para nosotros dos. La mesa espera abierta, con los manjares que soñamos una vez. Y no quieres acompañarme a la mesa. No lo quieres hacer. Tus lágrimas, por primera vez veo tus lágrimas, no te sueltan. Te suplico acompañarme y no cedes. “Es que era sólo un juego del momento. Yo no quería esto.” Despierto. Me olvido del sueño por unos días. Ahora me dices que No, que no es así.

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