martes, febrero 21, 2006

Una voz del litoral

Pensamos, en la orilla del rio, que las cosas no funcionaban como queriamos. Escuchamos disparos. Corrimos.
Al parecer la gente de la otra orilla se ha enojado con nosotros por protestar y exigir un mundo más justo. Es que habrán pensado que lo hacemos de mala leche. Más bien creo que es culpa de los peces que, hace un tiempo, se han venido a nuestra orilla con miedo de morir en la otra.
Las cosas se ponen caliente con tantos días en la ruta. La gente de los otros pueblos no se da cuenta de lo que se puede venir si al fin y al cabo ganan los que siempre ganan. Me parece que ahora nos toca a nosotros.
Sé que es muy difícil y nos duelen las patas al caminar interminablemente por el mismo asfalto todos los días.
Todos sabemos que aunque nos ganen los gigantes con corazón de hielo nosotros, los pobres diablos, nos uniremos para algún día vencer por todos los que no tienen voz.

Los de la otra orilla no ven lo que nosotros vemos; no ven a los niños muriendo porque no tendrán un rio donde nadar, no ven la ausencia del turista que venía a alegrar nuestros carnavales, no ven las lágrimas en sus ojos por lo que no supieron cuidar.
Los de la otra orilla no siempre son así, pero es muy común que se te pongan en contra; pues, son de "la otra orilla".