Ana
Se quedaron sentados, miraban con entusiasmo las lastimeras sonrisas de los soldados, tocaron sus manos para oirse vivos y desgarraron una sonrisa al ver la figura paterna llegar.
Él los miró con los ojos llovidos por la emoción y detuvo su andar al advertir la falta de la mujer que sostuvo su ausencia.
"Mamá murió hace una semana"
Él, con manos de roble, soltó la pesada carga de los que luchan por un ideal insensible. Miró el suelo, refregó sus ojos con violencia masculina y tomó entre sus brazos a los niños muertos de hambre.
Eramos tan feliz en Leningrado que hoy resulta inverosimil su ausencia, su desapego, su no-estar con nosotros. Yo tengo la cara repleta de cicatrices y las manos quemadas por el frío y la pólvora; ellos están hechos unos hombrecitos con los huesos por encima de la piel. La pobreza de mi tierra suena en el sordo porvenir de quienes han destapado la botella vacía. En los ojos de mis compañeros veo mi realidad reflejada y me duele el estómago de sólo pensar en el mañana. Me duele la vida si no estás. Me duele el alma criarlos solo. Me duelen los sueños que juntos construimos y no pude concretar.
Te vas, te fuiste para siempre, no te voy a buscar en mis cartas de campaña no, no voy a insistir frente a tu tumba que vuelvas. Voy a llevar tu nombre a lo más alto de nuestros logros. Voy a encallar las tristezas en un solo llanto eterno y silencioso. Voy a verlos crecer, y tu recuerdo será inmortal en sus corazones.
Él nos mira con los ojos llorosos, nosotros lloramos con él. Nosotros perdimos una madre. Hoy recuperamos a nuestro padre.
Los observo son las manos entumecidas por el frio del Hades. No olvides, mi amor, que siempre estaré allí: en tu mente, en tu alma, en todo vuestro ser.
Él los miró con los ojos llovidos por la emoción y detuvo su andar al advertir la falta de la mujer que sostuvo su ausencia.
"Mamá murió hace una semana"
Él, con manos de roble, soltó la pesada carga de los que luchan por un ideal insensible. Miró el suelo, refregó sus ojos con violencia masculina y tomó entre sus brazos a los niños muertos de hambre.
Eramos tan feliz en Leningrado que hoy resulta inverosimil su ausencia, su desapego, su no-estar con nosotros. Yo tengo la cara repleta de cicatrices y las manos quemadas por el frío y la pólvora; ellos están hechos unos hombrecitos con los huesos por encima de la piel. La pobreza de mi tierra suena en el sordo porvenir de quienes han destapado la botella vacía. En los ojos de mis compañeros veo mi realidad reflejada y me duele el estómago de sólo pensar en el mañana. Me duele la vida si no estás. Me duele el alma criarlos solo. Me duelen los sueños que juntos construimos y no pude concretar.
Te vas, te fuiste para siempre, no te voy a buscar en mis cartas de campaña no, no voy a insistir frente a tu tumba que vuelvas. Voy a llevar tu nombre a lo más alto de nuestros logros. Voy a encallar las tristezas en un solo llanto eterno y silencioso. Voy a verlos crecer, y tu recuerdo será inmortal en sus corazones.
Él nos mira con los ojos llorosos, nosotros lloramos con él. Nosotros perdimos una madre. Hoy recuperamos a nuestro padre.
Los observo son las manos entumecidas por el frio del Hades. No olvides, mi amor, que siempre estaré allí: en tu mente, en tu alma, en todo vuestro ser.

1 Comments:
Simplemente conmovedor. Sabes como llegar a la lejana a través de bellos (y crudos) vocablos. Me pasó algo sumamente curioso hoy cuando me desperté a media noche: soñé exactamente lo que acabas de decir y tuve ese cosquilleo tenue por plasmarlo en alguna parte... menos mal que no lo hice! podrías haberme demandado por derechos de autor! Te quiero mucho, Ale.
Publicar un comentario
<< Home