Eso, sólo eso.
No pensamos que sería cierto y la máquina lentamente se detuvo, entramos en ella y nos complementamos como esos que sueñan encontrar un ideal hasta que se enfrentan y reparten alegria por doquier.
Te oigo lejana, las piernas tiemblan, me miras como a una pantalla con la cual puedes jugar, me olvidas y transformas la melancolía en absurdo consuelo para restaurar las máquinas del amor ideario.
Ya te alejas y te pareces tanto tanto a ella, te reflejas en un sentimiento gigante y sólo sos una ilusión, un inancazable. Ya te alejas sin sonreir siquiera y me monto en mi córcel electrónico para abandonarme sin llorarte. Ya te vas, simplemente te vas y me queda un consuelo: Volverás.
Te oigo lejana, las piernas tiemblan, me miras como a una pantalla con la cual puedes jugar, me olvidas y transformas la melancolía en absurdo consuelo para restaurar las máquinas del amor ideario.
Ya te alejas y te pareces tanto tanto a ella, te reflejas en un sentimiento gigante y sólo sos una ilusión, un inancazable. Ya te alejas sin sonreir siquiera y me monto en mi córcel electrónico para abandonarme sin llorarte. Ya te vas, simplemente te vas y me queda un consuelo: Volverás.

1 Comments:
Y te pareces tanto a él. A la lejana se le acelera un no sé qué y no lo controla. El grito sordo del teclado se aproxima a sus yemas y pareciera que se va congelando lentamente un respiro vespertino (sí, porque ambos sabían que eran más de las tres). Las miradas (lo eran realmente, acaso?) se mimetizan, y poco a poco, sin cruzarse. Ahora es él quien gira sin mirar atrás, mas ella sin saberlo, también conserva un sueño: la amarás.
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