Y estabamos allí, soñolientos y desesperados por llover y aguantar el ocaso. Nos miramos sin futuro, agnosticos y frustrados. Nos besamos sin mirarnos y sin tocarnos. Tus labios, tiernos, reflejaban las lunas de mi despertar. Una vez más caímos para separar las nueces de sus cáscaras y nos olvidamos, sin querer, de las lunas inconstantes, de los tobillos indolentes y los corazones reticentes.
Te beso para no apartarme. Pregunto si te besaré y me quejo de mi impertinencia. Acaricio tus lágrimas entre las sombras. Toco los pies para no llorar junto a tí. Los diarios en el piso me refugian de tu tristeza y vuelvo a besarte sin consuelo porque te molesta que te consuelen.
Y quedo sin sombras, entre las lunas y los diarios de abrigo pidiendo, otra vez, tus monedas de amor para beber mañana una copa más. Evasiva como tú. Desesperada como yo.
Te beso para no apartarme. Pregunto si te besaré y me quejo de mi impertinencia. Acaricio tus lágrimas entre las sombras. Toco los pies para no llorar junto a tí. Los diarios en el piso me refugian de tu tristeza y vuelvo a besarte sin consuelo porque te molesta que te consuelen.
Y quedo sin sombras, entre las lunas y los diarios de abrigo pidiendo, otra vez, tus monedas de amor para beber mañana una copa más. Evasiva como tú. Desesperada como yo.

2 Comments:
Y lentamente yo también te conozco, Oliveira, a través de aquella luna y pies descalzos que describes y otras cosas. Ni te imaginas lo feliz que me hace compartir esto contigo.
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