miércoles, noviembre 23, 2005

Y estabamos allí, soñolientos y desesperados por llover y aguantar el ocaso. Nos miramos sin futuro, agnosticos y frustrados. Nos besamos sin mirarnos y sin tocarnos. Tus labios, tiernos, reflejaban las lunas de mi despertar. Una vez más caímos para separar las nueces de sus cáscaras y nos olvidamos, sin querer, de las lunas inconstantes, de los tobillos indolentes y los corazones reticentes.
Te beso para no apartarme. Pregunto si te besaré y me quejo de mi impertinencia. Acaricio tus lágrimas entre las sombras. Toco los pies para no llorar junto a tí. Los diarios en el piso me refugian de tu tristeza y vuelvo a besarte sin consuelo porque te molesta que te consuelen.
Y quedo sin sombras, entre las lunas y los diarios de abrigo pidiendo, otra vez, tus monedas de amor para beber mañana una copa más. Evasiva como tú. Desesperada como yo.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Y lentamente yo también te conozco, Oliveira, a través de aquella luna y pies descalzos que describes y otras cosas. Ni te imaginas lo feliz que me hace compartir esto contigo.

11/23/2005 6:00 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

?

11/28/2005 10:36 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home